«Dios no es injusto cuando descarga su ira» – Romanos 3:5*

(Aunque es un tema que se sale de los objetivos principales de El Defensor; merita la pena ser tratado debido su estrecha relación con el Nombre de Jehová y la connotación histórica que envuelve alrededor de sus Testigos en la tierra)

Muchas veces escucho y leo a personas (obviamente que no tienen todo el conocimiento de Dios) comentar en los foros de sitios y en los comentarios de blogs con un corte cristiano, que el Dios Jehová del «Antiguo Testamento» era un Dios cruel. Un Dios que animaba a su pueblo a matanzas desenfrenadas.

Algunos, para darle cierta fuerza y connotación a sus afirmaciones, aluden a relatos como los que describen la destrucción por manos de los israelitas de Hesbón, Basán, o Jericó.  Batallas en las que Jehová les ordenó la «destrucción» de las ciudades junto con los «hombre, mujeres y niñitos».  (Deuteronomio 2:34; 3:6) Y estas cosas hoy parecen criminales a los ojos de nuestra sociedad. Pero veremos que no es así, tal como no es un crimen ejercer justicia contra aquellos que la desafían impunemente.

En las Escrituras bíblicas  se lee que Jehová había ordenado la destrucción de todos aquellos reinos. Por ejemplo, el reino de Jericó junto con todos sus habitantes (hombres, ancianos, mujeres, niños y hasta los animales) estaba condenado por entero a la destrucción. (Deuteronomio 7:1, 2; Josué 6:20,21)

Solo la casa de Rahab la prostituta queda en pie cuando las murallas de Jericó caen.

Jericó es dada por entero a la destrucción. Solo la casa de Rahab la prostituta queda en pie cuando las murallas caen.

Ahora bien, quienes acusan a Jehová Dios por estos mandatos que impuso a su Nación escogida entonces, proponen ideas aberrantes al decir que todo aquello  no fue más que una excusa cruel para que la clase sacerdotal se hicieran con todo el botín abundante y rico de los habitantes cananeos de aquella región. Y afirman que si ese Jehová de ellos existe ni es amor, ni es bueno. Todo lo contrario, dicen que es un asesino. ¡Jehová nos libre de tan grande blasfemia! No obstante, puede que alguien desee examinar toda la evidencia y descubrir si realmente eso es así como afirman los críticos de las Escrituras Sagradas o No.

La depravación moral y espiritual de los cananeos

Para responder esta cuestión, en primer lugar debemos ubicarnos en el tiempo y establecer algunas pautas. Canaán, será la descripción que usaré para describir toda aquella tierra que según dice la Biblia fue dada por promesa a la Nación de Israel, después de ser prometida a Abrahán, Isaac y Jacob. (Génesis 13:15; 26:3; 28:13)

Cuando Jehová estaba haciendo pacto y promesa con Abrán, le dijo que toda aquella tierra sería para sus descendencia. Pero que solo la obtendrían hasta después que estuviera «completo el error de los amorreos». (Génesis 15:13-16, 18-21) El detalle que nos interesa en estos momentos es el relacionado con las palabras que registra Génesis 15:16 que dicen: «Pero a la cuarta generación ellos volverán acá, porque todavía no ha quedado completo el error de los amorreos”.» En especial las que he puesto en cursivas. ¿Por qué?

Bien, es necesario saber en qué «error» grave andaban «los amorreos» ya en los días de Abrán como para que Jehová Dios estuviera atento a ellos de la forma menos conveniente para aquellas naciones. Todo indica que Abrán quien ya llevaba algunos años viviendo en Canaán conocía de aquel grave «error». ¿Por qué? El procuraba siempre acampar lejos de aquellas ciudades. Apartado de aquella gente. Eso lo podemos derivar del pasaje bíblico de Génesis 12:5-9. En el mismo vemos, como Abrán nunca entraba en las ciudades de Canaán para morar, sino que lo hacía alejado de aquella gente.

De hecho, cuando la Biblia dice que al separarse de Lot, «Abrán moró en la tierra de Canaán, pero Lot moró entre las ciudades del Distrito», nos da perfectamente a entender que este siervo leal de Dios siempre vivió en las campiñas de Canaán, alejado de las ciudades y personas cananeas. (Génesis 13:12) Por supuesto, no todos los habitantes de aquellas tierras entonces andaban en «error». Por ejemplo, Melquisedec era un rey justo, «rey de Salen»; adorador y «Sacerdote» de Jehová a quien Abran reconoció, diezmó voluntariamente y rindió homenaje. (Génesis 14:18-20) No obstante, al parecer de lo que nos indican las Escrituras toda aquella gente, en general, (hombres, mujeres, viejos, niños) andaban en algún detestable «error». Y veremos cuál era.

¿En qué consistía «el error» de los habitantes de la tierra prometida»?

Más de 400 años después de que Jehová ratificara solemnemente pacto con Abrahán; la Nación de Israel (descendiente de Abrahán, Isaac y Jacob) salieron libres de Egipto. Y en el medio del desierto recibieron Leyes y Mandamientos, ordenes y acuerdos de parte de Dios mediante Moisés. (Juan 1:17, compárese con Deuteronomio 4:44, 45) Veamos algunas de estas palabras que aquellos israelitas oyeron antes de poseer la tierra prometida.

Leamos Levítico 18:1-25:

«Y Jehová continuó hablando a Moisés, y dijo: 2 “Habla a los hijos de Israel, y tienes que decirles: ‘Yo soy Jehová el Dios de ustedes. 3 De la manera como hace la tierra de Egipto, en la cual moraron, no deben hacer ustedes; y de la manera como hace la tierra de Canaán, en la cual voy a introducirlos, no deben hacer ustedes; y en los estatutos de ellos no deben andar. 4 Mis decisiones judiciales deben poner por obra, y mis estatutos deben guardar de modo que anden en ellos. Yo soy Jehová su Dios. 5 Y tienen que guardar mis estatutos y mis decisiones judiciales, los cuales, si el hombre los hace, entonces tendrá que vivir por medio de ellos. Yo soy Jehová.

6 ”’No deben acercarse ustedes, ningún hombre de ustedes, a nadie que sea parienta carnal próxima de él para poner al descubierto desnudez. Yo soy Jehová. 7 La desnudez de tu padre y la desnudez de tu madre no debes poner al descubierto. Es tu madre. No debes poner al descubierto su desnudez.

8 ”’La desnudez de la esposa de tu padre no debes poner al descubierto. Es la desnudez de tu padre.

9 ”’En cuanto a la desnudez de tu hermana, la hija de tu padre o la hija de tu madre, sea nacida en la misma casa o nacida fuera de ella, no debes poner al descubierto la desnudez de ellas.

10 ”’En cuanto a la desnudez de la hija de tu hijo o la hija de tu hija, no debes poner al descubierto la desnudez de ellas, porque son tu desnudez.

11 ”’En cuanto a la desnudez de la hija de la esposa de tu padre, prole de tu padre, siendo ella hermana tuya, no debes poner al descubierto su desnudez.

12 ”’La desnudez de la hermana de tu padre no debes poner al descubierto. Es parienta consanguínea de tu padre.

13 ”’La desnudez de la hermana de tu madre no debes poner al descubierto, porque es parienta consanguínea de tu madre.

14 ”’La desnudez del hermano de tu padre no debes poner al descubierto. No debes acercarte a su esposa. Es tu tía.

15 ”’La desnudez de tu nuera no debes poner al descubierto. Es la esposa de tu hijo. No debes poner al descubierto la desnudez de ella.

16 ”’La desnudez de la esposa de tu hermano no debes poner al descubierto. Es la desnudez de tu hermano.

17 ”’La desnudez de una mujer y su hija no debes poner al descubierto. A la hija de su hijo y a la hija de su hija no debes tomar para poner al descubierto su desnudez. Son casos de parentesco consanguíneo. Es conducta relajada.

18 ”’Y no debes tomar a una mujer además de su hermana como rival para poner al descubierto su desnudez, es decir, además de ella durante su vida.

19 ”’Y no debes acercarte a una mujer durante la menstruación de su impureza para poner al descubierto su desnudez.

20 ”’Y no debes dar tu emisión como semen a la esposa de tu asociado, para hacerte inmundo por ello.

21 ”’Y no debes permitir que ninguna prole tuya sea dada por entero a Mólek. No debes profanar el nombre de tu Dios de esa manera. Yo soy Jehová.

22 ”’Y no debes acostarte con un varón igual a como te acuestas con una mujer. Es cosa detestable.

23 ”’Y no debes dar tu emisión a ninguna bestia para hacerte inmundo por ello, y la mujer no debe ponerse delante de una bestia para tener cópula con ella. Es una violación de lo que es natural.

24 ”’No se hagan inmundos por medio de ninguna de estas cosas, porque por medio de todas estas cosas se han hecho inmundas las naciones que voy a enviar de delante de ustedes. 25 En consecuencia la tierra está inmunda, y traeré sobre ella castigo por su error, y la tierra vomitará a sus habitantes.»


En estos mandamientos cuando se dice  no «poner al descubierto» «la desnudez» de alguien, se refiere principalmente a actos de inmoralidad crasa que podían implicar todo cuanto estuvo envuelto en el asunto de Noé, su hijo Cam y su nieto Canaán; e incluso mucho más allá en depravación e inmundicia. (Gén. 9:20-27)

Ahora comprenderá el lector sincero y todos aquellos que critican al Dios amoroso y justo Jehová, que había demasiado pecado, demasiado «error» acumulado entre toda aquella gente. Salvo unos pocos, que al  ver lo que les sobrevenía se arrepintieron y buscaron el perdón de Jehová; todos estaban perdidos en sus propios actos inmundos y depravados. En realidad, la tierra de Canaán había avanzado de mal en peor desde los días de Abrahán; habían perdido por completo todo vestigio de humanidad llegando a estar saturados de prácticas detestables.

Llevaban siglos de vivir en crasa inmoralidad sexual y disímiles formas de depravación. El incesto, la sodomía y la bestialidad era como el día a día de ‘la manera de obrar de la tierra de Canaán’; estas prácticas hicieron inmunda la tierra. Se habían convertido en criminales, asesinos despiadados, capaces de hacer con sus hijos, sus propios hijos, rituales de sacrificio a sus dioses falsos de piedra y madera. (Levítico 18:21) La magia, la hechicería, el espiritismo y toda forma detestable de religión en oposición a Jehová, se había arraigado entre aquella gente. (Deuteronomio 18:6-12) Desde el punto de vista de Jehová, y para ser sincero, desde el punto de vista correcto que los humanos hemos adquirido de Dios, todos merecían la muerte. Así también lo atestiguan ciertos descubrimientos y estudios.

La Obra editada por los Testigos de Jehová, Perspicacia para comprender las Escrituras Volumen 1 págs. 409-410 dice: (Negritas añadidas por mi)

‹‹Baal era la deidad más importante que adoraban los cananeos. (Jue 2:12, 13; compárese con Jue 6:25-32; 1Re 16:30-32.) Un texto egipcio representa a las diosas cananeas Astoret (Jue 2:13; 10:6; 1Sa 7:3, 4), Aserá y Anat como diosas madre y, a la vez, prostitutas sagradas, que, paradójicamente, no perdían su virginidad (literalmente, “las grandes diosas que conciben, pero no dan a luz”). Su adoración al parecer siempre incluía la prostitución en los templos. Las diosas no solo simbolizaban la lujuria, sino también la guerra y la violencia sádica. Por ello, en el Poema de Baal hallado en Ugarit se dice que la diosa Anat realizó una gran matanza y luego se adornó con las cabezas de los muertos y colgó de su cinto las manos de estos, mientras se bañaba gozosamente en su sangre. Las figurillas de la diosa Astoret descubiertas en Palestina la representan desnuda y con los órganos sexuales groseramente exagerados. El arqueólogo W. F. Albright hace la siguiente observación sobre su adoración fálica: “En su peor momento, […] el aspecto erótico de su culto debe haberse sumido en profundidades extremadamente sórdidas de degradación social”. (Archaeology and the Religion of Israel, 1968, págs. 76, 77)

Además de otras prácticas degradantes, también se hacían sacrificios de niños. Según Merrill F. Unger, “las excavaciones realizadas en Palestina han puesto al descubierto montones de cenizas y restos de esqueletos infantiles en cementerios situados cerca de altares paganos, lo que indica lo extendida que estaba esta práctica cruel y abominable”. (Archaeology and the Old Testament, 1964, pág. 279.) La obra Compendio Manual de la Biblia (de Henry H. Halley, 1985, pág. 157) dice: “Los cananeos, pues, adoraban cometiendo excesos inmorales en presencia de sus dioses, y luego asesinando a sus hijos primogénitos como sacrificio a estos mismos dioses. Parece que en gran parte, la tierra de Canaán había llegado a ser una especie de Sodoma y Gomorra en escala nacional. […] ¿Tenía derecho a seguir viviendo una civilización de semejante inmundicia y brutalidad? […] Los arqueólogos que cavan en las ruinas de las ciudades cananeas se preguntan por qué Dios no las destruyó mucho antes”.››

Puede que alguien pregunte, ¿y los jovencitos y niños, no eran inocentes, no merecían perdón? Al ser Dios el conocedor de los corazones y al ser el más justo de todo el universo, Jehová tomó la mejor decisión. (Deuteronomio 32: 4; Proverbios 21:2) No fue algo que dejó en las manos de ningún hombre imperfecto. Allí, donde se requirió un exterminio total de los habitantes, se hizo en proporción con Su palabra. El mismo sabía bien que toda aquella maldad era irreversible, salvo en algunas escasas personas, tal como veremos más adelante. Sus guerras contra toda aquella gente extremadamente pecadora e inmunda fueron santas y justas.

Jehová: «El Juez de toda la tierra» siempre hace lo que es recto

Nuestros sentimientos, pensamientos y justicia, de ahora y de los israelitas de entonces, nunca serán superiores a los de Nuestro Amoroso Padre celestial, tal como lo recordó el profeta siglos después. (Isaías 55:8, 9) De modo que, el final que El le dio a aquella gente en su totalidad, fue el más correcto y justo. Aun cuando en este ‹‹caso de Canaán asignó a los israelitas el deber sagrado de ser los ejecutores principales de su decreto divino, guiados por su mensajero angélico y respaldados por su fuerza todopoderosa. (Éx 23:20-23, 27, 28; Dt 9:3, 4; 20:15-18; Jos 10:42.)›› (Perspicacia pág. 410)

El apóstol Pablo apuntó:«Dios no es injusto cuando descarga su ira» (Romanos 3:5) Es por eso que a su nación antes de entrar a poseer la tierra dijo: «Tienes que consumir a todos los pueblos que Jehová tu Dios te va a dar. Tu ojo no debe sentirse apenado por ellos; y no debes servir a sus dioses, porque eso te será un lazo». (Deuteronomio 7:16) Esta frase en cursiva denota que en verdad Jehová Dios era quien comandaba el asunto y sabía que su pueblo podía mostrar compasión, lástima de manera incorrecta e imprudente hacia aquella gente. Gente, totalmente digna de muerte y condenada a tal fin por el Creador y justo Juez del cielo y la tierra.

Dios, centurias atrás, había dado oportunidad y tiempo suficiente a estos habitantes y sus descendientes de cambiar el modo de proceder inicuo que llevaban. Analicemos solo un relato de entonces para llegar a comprender mejor estas cosas: El caso de Sodoma, Gomorra y todas las ciudades del Distrito del Jordán. (Leer Génesis 18:20-19:25) El lector debería preguntarse, por ejemplo, si ya Jehová estaba determinado a destruir estas ciudades, ¿por qué envió a ángeles a inspeccionar la ciudad de Sodoma?

Es cierto que Jehová hizo lo que Abrahán le imploró humildemente. Protegió a Lot y a su familia. (Génesis 19:29) Pero en las propias palabras de Abrahán no solo se notaba la preocupación por la vida de su sobrino. También él, justamente pensaba en otras personas que quizás no estuvieran corrompidas con las prácticas detestables de aquella gente. A tal extremo se condolió que dijo a Jehová mediante su representante angélico: «¡Es inconcebible de ti el que vayas a obrar de esta manera para dar muerte al justo con el inicuo, […] ¿El Juez de toda la tierra no va a hacer lo que es recto?”». (Génesis 18:25) Y ¿por qué dijo esas palabras? Porque realmente Abrahán podía apelar a la justicia de Jehová, porque sabía que El siempre hace «lo que es recto». Por eso, el pensar que los ángeles fueron enviados a inspeccionar la ciudad de Sodoma solo por el pedido de Abrahán acerca de su sobrino, es una forma muy simple de analizar el relato.

En verdad, Jehová deseaba salvar a más personas.  Al humilde Abrahán, quien respetuosamente le regateaba por la vida de aquella gente, contestó: «“Si hallo en Sodoma cincuenta hombres justos en medio de la ciudad, ciertamente perdonaré a todo el lugar por causa de ellos”.»  (Génesis 18:26) Lo que es más; al final de la conversación le aseguró a su siervo fiel que si solo encontraba «diez» personas justas en Sodoma no la arruinaría. (Génesis 18:26) Y los sucesos que vienen a continuación de esta conversación así lo demuestran. Veamos.

En primer lugar: Los ángeles no fueron directamente a la casa de Lot. Ellos quisieron quedarse en la ciudad a la vista pública de sus habitantes. (Génesis 19:2) ¿Por qué? La idea … realmente era detectar personas merecedoras de salvación – aunque fueran solo «diez» – , lo que incluía obviamente al propio Lot.

Y en segundo lugar: Lot tuvo que insistirles y mostrar tanto fe, justicia como hospitalidad, sin conocerlos, para que entraran en su domicilio. (Génesis 19:3) Lot conocía la calaña de personas que eran sus vecinos; llenos como estaban de ‘conducta desvergonzada’. (2Pedro 2:7, 8)

Cuando ellos, recibieron el ataque inmoral y depravado de la gente de la ciudad, allí estaban «desde el muchacho hasta el viejo, toda la gente en una chusma». (Génesis 19:4). Eran hombres, mujeres, niños, viejos; «toda la gente». La Biblia nos dice llanamente que «los hombres de Sodoma eran malos, y eran pecadores en extremo contra Jehová.»Génesis 13:13) Es obvio que cuando las Escrituras dicen «los hombres de Sodoma eran malos» se refiere a «toda la gente» de esa ciudad. No había ni «diez»,  ni uno que fuera justo o «inocente» entre aquellos nativos. Todos eran «desafiadores de ley» que se entregaban «a la conducta relajada» y «hechos desaforados».

Sin embargo, aun así Jehová mediante sus ángeles estimó no solo salvar a Lot que por su fe y valor había salido en justicia a proteger a sus enviados; y que además, se «angustiaba sumamente» «a causa de los hechos desaforados de [la gente de Sodoma]». También quiso salvar a todos los que con Lot se relacionaban. Los ángeles le preguntaron a Lot: «“¿Tienes otros aquí? Yerno y tus hijos y tus hijas y cuantos sean tuyos en la ciudad, ¡sácalos del lugar! Pues vamos a arruinar este lugar, porque el clamor contra ellos se ha hecho fuerte delante de Jehová, de modo que Jehová nos ha enviado para arruinar la ciudad”». (Génesis 19:12-13) Así que Jehová, aquella vez como siempre, fue magnánimo y misericordioso. No obstante, solo tres personas (mucho menos de «diez») lograron escapar a salvos. ¿Sirvió aquel juicio poderoso y eterno de escarmiento para el resto de la gente pecadora de Canaán durante los siglos posteriores? NO. Ellos olvidaron muy pronto todo y continuaron desenfrenadamente en ser «malos, y […] pecadores en extremo contra Jehová», el ‘Juez legítimo de toda la tierra’.

Por tal motivo, en los días de Josué Líder de las fuerzas militares de Israel, éste acató la orden de exterminarlas por completo. Jehová les había dicho mediante Moisés: «Es por la iniquidad de estas naciones por lo que Jehová las va a expulsar de delante de ti. No es por tu justicia ni por la rectitud de tu corazón por lo que vas a entrar para tomar posesión de su tierra; de hecho, es por la iniquidad de estas naciones por lo que Jehová tu Dios las va a expulsar de delante de ti«. (Deuteronomio 9:4-6)

Sin embargo, como mencioné al principio de este articulo, todo el que se arrepintió de corazón y mostró fe volviéndose de su «error», Jehová le mostró favor y le conservó la vida. Rahab fue una de esas personas sobresalientes. Ella y también toda su familia sobrevivieron, por la mano de Jehová, a la destrucción de Jericó. (Josué 2:1-21; 6:16, 17, 22-25) La fe de Rahab, tras ayudar a los espías hebreos y el cambio de ser una prostituta a una adoradora fiel de Jehová con Israel, la condujo al inmenso privilegio, de formar parte de la genealogía del Mesías prometido; de Jesucristo, el Hijo de Dios. ¡Qué honor tan grande significó para ella su arrepentimiento y fe! (Rut 4:20-22; Mt 1:5, 6.) El trato de Jehová con Rahab, la prostituta de Jericó, resalta perfectamente que El es un Dios de amor y justicia y bondad.  (Miqueas 7:18, compárese con Números 14:18)

Por otra parte, otro ejemplo del amor de Dios, es que Jehová no ordenó que todos los habitantes de Canaán fueran exterminados. Dios ordenó a los israelitas que demolieran sólo las ciudades de siete naciones de la tierra de Canaán y que mataran a todos sus habitantes (Deuteronomio 20:15-18) Hubo ciudades que no fueron destruidas y parte de sus habitantes que no fueron eliminados. En el caso general de estas naciones, mujeres vírgenes y niñitos sobrevivieron (Números 31:17, 18; Deuteronomio 20:14). Aunque no debemos olvidar particularmente el ya mencionado caso de Rahab, una prostituta que por su gran fe y «bondad amorosa» («misericordia», RV1960) consiguió de Dios su salvación y la de toda su familia. (Josué 2:12)

Tierra de Canaán y otras regiones de la primera conquista hebrea completada bajo el liderazgo de Josué.

La gente de la tierra de Canaán fueron eliminadas en su totalidad por su iniquidad. Eran «pecadores en extremo contra Jehová».

Hubo poblaciones enteras que sobrevivieron completamente a la destrucción porque fueron perdonadas por Jehová. Por ejemplo, «los habitantes de Gabaón» y otras ciudades cercanas. Es cierto que hicieron su parte un tanto astuta. Recuerde que ellos no conocían del todo bien a Jehová el Dios de los hebreos. Pero aun así, eso demostró que tuvieron temor de Dios y pusieron fe en que El no los destruiría. La Biblia dice de esta gente: «Y los habitantes de Gabaón oyeron lo que Josué había hecho a Jericó y a Hai. De modo que, aun de su propia cuenta, actuaron con sagacidad». (Josué 9:3, 4) De hecho, mediante una trama bien montada, ante el temor de ser exterminados, se pusieron a disposición de Josué y le dijeron: «“Somos tus siervos”.» (Josué 9:8) Ellos también comunicaron a Josué que estaban delante de el por causa del «nombre de Jehová tu Dios». Y ¿cuál fue el resultado?

Escaparon con sus vidas y la de toda sus familias y paisanos en «Gabaón y Kefirá y Beerot y Quiryat-jearim». (Josué 9:17) Es cierto que tuvieron que pagar un precio alto por haber tratado con astucia contra Josué. Al recibir el perdón de sus vidas, también tuvieron que aceptar las consecuencias por no haber tratado lealmente con Josué e Israel. (Josué 9:22, 27) Pero se comprometieron diciendo: «Y ahora, aquí estamos, en tu mano. Tal como sea bueno y recto a tus ojos hacer con nosotros, hazlo”». (Josué 9:25) Jehová Dios perdonó la vida de todos ellos por aquel acto. También lo hicieron Josué y todo Israel. (Lea todo el relato en Josué 9)

Jehová es un Dios bueno y justo

Finalmente, quienes critican, no conocen toda la historia. No han leído a profundidad las Escrituras. Y casi siempre terminan por repetir lo que otros han dicho en igual condición; o peor, en oposición franca a Dios. Jehová siempre ha demostrado ser un Dios amorosamente justo. La Biblia con certeza dice: «Dios es amor».(1 Juan 4:8) En verdad, Jehová es un Dios bueno y justo. Uno que perdona error siempre que exista arrepentimiento sincero de corazón. Sin embargo, ha sido y es un Dios imparcial que no da exención de castigo. (Salmo 86:15; compare con Éxodo 34:6, 7; Deuteronomio 32:4)

Las normas morales y de convivencia de hoy, las que la sociedad humana actual cambia y crea, pueden que parezcan «buenas y justas». No obstante, a la vista de Jehová son indecentes y por lo general depravadas. Millones de personas coinciden con la Biblia y creen,  que en realidad, lo que ha habido es un relajamiento, un torcimiento de la moral divina y un alejarse de Dios como nunca ha sucedido. (2 Timoteo 3: 1-6; 13) Estos comportamientos actuales son más que comparables a los días del «error de los amorreos». En nuestra época,  más que en ninguna otra, se hacen realidad las palabras bíblicas del profeta donde se muestra la existencia de personas inescrupulosas que «dicen que lo bueno es malo y lo malo es bueno» (Isaías 5:20). La humanidad ha olvidado en contra de su propio bien eterno, que solo es Jehová quien puede en verdad y tiene el derecho único de informar lo que es justo y recto. (Isaías 45:19)

La Biblia señala que Jehová no ha cambiado su punto de vista con respecto a lo que es malo. El sigue en contra de prácticas, tendencias, gustos, deseos y actitudes criminales, depravadas e inmorales. (Isaías 3:6; Santiago 1:17) Por más que ignoren a Dios, quienes se regocijan hoy en todo tipo de conducta inmunda, no podrán impedir que El definitivamente traiga su Juicio contra ellos.  (2Pedro 3:9, 10, compárese con Sofonías 1:14-19)

En cambio, quienes de verdad aman y obedecen a Dios hoy, odian «lo que es malo»; ‘aborrecen lo que es inicuo y se adhieren a lo que es bueno’. (Salmo 97:10; Romanos 12:9) Entienden perfectamente la justicia de Jehová contra los inicuos y, esperan en El para que en justo juicio pronto los desarraigue de la faz de la tierra en beneficio de todos los que le obedecen y hacen «lo que es bueno». Quienes aman a Jehová aprueban sus actos santos de justicia para que el «manso» o «justo» viva en paz y en «deleite exquisito» para siempre por todo el planeta. (Salmo 37: 10, 11, 29; Proverbios 2:21, 22; Mateo 5:5)


* A menos que se especifique lo contrario todos los texto bíblicos han sido tomados de La Traducción del Nuevo Mundo de las Santas Escrituras 1987


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Dios no es injusto cuando descarga su ira

Un comentario de “«Dios no es injusto cuando descarga su ira» – Romanos 3:5*

  1. Hola, que excelente articulo. Solo queria agradecerle mucho por hacer este tipo de estudios biblicos por que son muy necesarios para las personas que estan tratando de comprender un poquito mas del caracter de Dios. Muchas Gracias fue de mucha ayuda.
    Pues misreicordia quiero mas que sacrificios, y conocimiento de Dios mas que holocaustos.
    Saludes!

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