Los Testigos de Jehová y los transplantes*: Una defensa a favor de la verdad

Órganos y tejidos para transplantes

Órganos y tejidos para transplantes

Los enemigos y detractores, por lo general, religiosos resentidos, no descansan en el afán de desacreditar la santidad y maravillosa fe que profesan  los Testigos de Jehová por toda la tierra. Sírvase como ejemplo el reciente juicio de la Corte suprema rusa donde el Ministerio de Justica de Rusia demandaba el cierre de la obra de los Testigos, En este caso ‘judicial» se ha podido ver de primera mano el uso abusivo de los medios, los falsos testimonios y las mentiras con verdades a media para enjuiciar y condenar de criminal «extremista» la congregación cristiana de los Testigos de Jehová en ese país y en el mundo. Pero, los Testigos no nos maravillamos de eso, siempre ha sido así contra el pueblo de Dios. El enemigo no descansa en su incansable esfuerzo por poner tropiezo (proscripción, persecución, intrigas, recelos) tanto a la verdad como al pueblo de Dios.

Una de estas artimañas que sigue siendo usada por los detractores del pueblo cristiano de Jehová, sus Testigos, es la que tiene que ver con la que fue nuestra postura respecto a los transplantes de tejidos u órganos entre 1967 y 1980. ¿De qué se nos acusa hoy y cuál es la realidad con relación a estos tratamientos médicos?

Apuntes sobre los transplantes, implicaciones éticas y los Testigos de Jehová

Historia de los transplantesPara dar respuesta a las tantas intrigas levantadas estamos obligados a hacer un poco de historia. Hay que recordar o informar que el desarrollo de las técnicas de transplantes, sus implicaciones bioéticas y nuestra postura ante estas prácticas quirúrgicas no pueden verse aisladas unas de otras. Sería un grave error de concepto y historicidad hacerlo.

La bioética y los transplantes surgen casi a la par de manera espontánea dentro de nuestra sociedad moderna (incluidos los Testigos de Jehová) y sus propios avances médicos-quirúrgicos. De hecho, tanto los transplantes y la bioética aun continúan casi juntos de la mano hasta el día de hoy.

La historia de los trasplantes, sin contar algunos pequeños ensayos y avances previos, comienza en la década de los 50 del siglo XX. El principal problema que debatía la bioética en aquella época era el de la mutilación que exigía la donación por parte de un sujeto vivo. Y todo este «debate» ocurría prácticamente ajeno al conocimiento público.

En la década de 1950, las publicaciones de los testigos de Jehová ni siquiera hicieron mención de una técnica que estaba aún en sus primeros pasos de gestación y era como anecdótica su realización. Fue en 1961 cuando por vez primera se hizo una breve mención del tema, en el número del 1 de agosto de la revista La Atalaya (1 de diciembre en la edición en español), en la sección de preguntas de los lectores:
La pregunta que la revista planteó era:

¿Dice la Biblia algo en contra de donar uno sus ojos (después de morir) para que se los trasplanten a una persona viva?

La respuesta totalmente decía:

‹‹El que uno ponga su cuerpo o partes de su cuerpo a la disposición de los hombres de ciencia o doctores para que los usen después que uno muera para propósitos de experimentación científica o para reemplazo en otras personas es un asunto que no cuenta con la aprobación de ciertos grupos religiosos. No obstante, no parece que esté envuelto en ello ningún principio ni ley bíblico. Por lo tanto es un asunto en que cada individuo tendrá que hacer su propia decisión. Si en su propia mente o conciencia está satisfecho de que el hacerlo es cosa correcta, entonces puede hacer tal provisión, y nadie debe censurar su proceder. Por otra parte, a nadie se le debe criticar por rehusar entrar en un acuerdo de esta clase.›› (negritas y cursivas mías)

Como puede apreciar el lector, La Atalaya citada no presenta objeción a los trasplantes, aunque no entra en la polémica de aquella actualidad sobre la mutilación de donantes vivos para trasplantes de órganos.

"Conejillos de indias humanos"

«Conejillos de indias humanos»

Durante la década de 1960, todavía la técnica de los trasplantes estaba en fase experimental. Así que, a medida que se iba entrando en acuerdos sobre el problema ético de la mutilación, el gran tema de debate ahora se trasladaba al de la utilización de los trasplantes en seres vivos con fines experimentales. De hecho, el catedrático de anestesiología de la Facultad Médica de Harvard, Henry Beecher, publicó el 16 de junio de 1966 su famoso artículo denunciando una extensa serie de experimentos médicos éticamente cuestionables (Henry K. Beecher, “Ethics and Clinical Research”. New England Journal of Medicine 1966; 274: 1354-60). Poco después, en 1967 apareció un libro en la misma línea que no tardaría en hacerse famoso: Human Guinea Pigs (Conejillos de indias humanos), del médico británico M.H. Pappworth.

Por entonces, La Atalaya del 15 de noviembre de 1967 (15 de abril de 1968 en su edición en español) abordó también el tema de las donaciones de órganos en su artículo de preguntas de los lectores: “¿Hay alguna objeción bíblica a donar el cuerpo de uno para que se use en investigación médica o aceptar órganos para trasplante de tal fuente?” En dicho artículo, además de abordar la cuestión de la mutilación, se dice:

‹‹Los que se someten a tales operaciones están viviendo así de la carne de otro humano. Eso es caníbal. Sin embargo, al permitirle Jehová Dios al hombre que comiera carne de animales no le concedió permiso para que el hombre tratara de perpetuar su vida por medio de introducir en canibalismo en sus cuerpos carne humana, ya fuera masticada o en forma de órganos enteros o partes del cuerpo de otras personas.››

Tomo 3, donde se habla del"canibalismo médico".

Tomo 3, donde se habla del»canibalismo médico».

De modo que la posición de la revista en esta fecha es claramente contraria a los trasplantes. Sin duda, en esta postura influyó directamente el artículo sobre “Canibalismo médico” de la Encyclopœdia of Religion and Ethics (Enciclopedia de religión y ética), de James Hastings (véase el tomo 3, página 199).

Poco después, en diciembre de 1967, el Dr. Barnard realiza en Sudáfrica el primer trasplante de corazón con éxito (el paciente vivió 18 días, lo cual se consideraba un éxito para una terapia experimental de alto riesgo como eran entonces los trasplantes). Aquello hizo que arreciara aún más la controversia, que se convirtió en una acalorada polémica en los medios de comunicación, con críticas de gran dureza y agresividad hacia los transplantes.

Mientras la cuestión ética de la experimentación se acercaba a su solución, surgió un nuevo tema de debate sobre los trasplantes que caracterizaría casi toda la década de los 70; tras un informe de la Universidad de Harvard sobre el coma irreversible, grupos ajenos a la medicina empezaron a expresar su preocupación por que los médicos definiesen unilateralmente el momento de la muerte, y por tanto el momento en que podían extirparse órganos para experimentar con trasplantes (Rothman, D. Strangers at the Bedside New York, 1991, Basic Books). Aparecían artículos en la prensa general preguntándose cuál es el momento de la muerte (véase, por ejemplo: Stevens, L. “When is death?” Reader’s Digest, mayo de 1969, págs. 225-232). Grupos religiosos y filosóficos querían hacer oír su voz, y los hospitales empezaron a realizar reuniones entre clérigos y médicos sobre el tema de la muerte cerebral.

Durante aquellos años (entre 1968 y 1975) hubo algunas menciones ocasionales y breves de los trasplantes de órganos en las revistas de los testigos de Jehová, todas ellas expresando una posición negativa, y generalmente citando obras y autores que parecían dominar mejor el asunto. (la última mención, en el número del 1 de septiembre de 1975 apareció en español en el número del 15 de mayo de 1976 [Ponderando las noticias. Problemas de trasplantes]).
La fase experimental de los trasplantes duraría hasta 1975; desde entonces, a medida que se solventaban los problemas éticos y sobre todo los problemas técnicos, los trasplantes entraron en una fase de consolidación que se extendería hasta 1983.

Durante los primeros años de esta fase, no hay ninguna alusión a la técnica de los trasplantes en las publicaciones de los testigos de Jehová. Hasta que en el número del 15 de marzo de 1980 de La Atalaya (15 de septiembre en su edición en español) se publicó otro artículo en la sección de preguntas de los lectores bajo el título: «¿Debería tomar acción la congregación si un cristiano bautizado aceptara el trasplante de un órgano humano, como el de una córnea o un riñón?». Entre otras cosas decía:

‹‹Con relación al trasplante de tejido o hueso humano de una persona a otra, éste es un asunto en el que cada testigo de Jehová debe tomar una decisión de conciencia.››

La novedad de este artículo es que se expresan puntos de vista a favor y en contra de los trasplantes de órganos y se especifica que cada uno debe tomar su decisión personal. Y esta sigue siendo la postura de todos los testigos de Jehová hasta el día de hoy.

La ciclosporina, un inmunosupresor

La ciclosporina, un inmunosupresor

Para 1976 se había descubierto el valor inmunosupresor de una sustancia llamada ciclosporina, y entonces comenzaron una serie de experimentos para tratar de vencer el principal problema técnico de los trasplantes: El rechazo. Los experimentos fueron muy satisfactorios y finalmente se terminó aprobando oficialmente su uso médico en 1983.

También a finales de los 70 y principios de los 80 se llega a una solución satisfactoria sobre el problema ético del momento exacto de la muerte. No es casual que las leyes reguladoras sobre los trasplantes empezaran a aparecer en torno al año 1980 (por ejemplo, la ley española sobre extracción y trasplante de órganos es de 1979, y la estadounidense de 1984). Así, desde principios de los años 80, y especialmente desde 1983, los trasplantes dejaron de ser una técnica experimental para pasar a ser propiamente una terapia médica. De hecho, desde aquel año y hasta los años 90, muchas iglesias de la cristiandad y otras religiones empezaron a emitir resoluciones oficiales a favor de los trasplantes. Hoy es un procedimiento médico aceptado y de uso corriente.

Años después de toda la polémica bioética, medica e histórica de los transplantes, enemigos de los Testigos de Jehová decidieron utilizar, entre sus muchas acusaciones para tratar de predisponer a la opinión pública y a sus feligreses, algunas acusaciones relativas a los trasplantes. ¿En qué han consistido estas acusaciones?

Las «acusaciones»

Se ha afirmado que muchos Testigos rechazaron esta terapia bajo amenaza de expulsión, presentando el asunto como una postura suicida ante una terapia segura que salvaba vidas. Para añadir un efecto dramático, algunos han llegado a afirmar que muchos Testigos murieron por esta postura. Se ha dicho que en 1980 dejó de expulsarse a los Testigos que aceptaban trasplantes y no se pidió perdón por los que supuestamente habían sido expulsados o habían muerto debido a la postura anterior.

El trasfondo de esta acusación es tratar de equiparar aquella situación a la de nuestro rechazo a las transfusiones de sangre. Tratan de presentar un pretendido “historial” de enseñanzas anticientíficas contra los adelantos médicos para intentar dar la impresión de que nuestra postura bíblica de respeto a la sangre es solo una enseñanza fanática más y, que incluso, podría cambiar en el futuro.

Tal vez las personas más informadas no necesiten seguir leyendo para saber que tales acusaciones son absurdas, pero a continuación trataremos por separado tres aspectos de esta acusación:

Primero: Veremos si es cierto o no que había una amenaza de expulsión; además, se reflejará cuál era la postura de otras tantas religiones mayoritarias.

Segundo: Examinaremos la afirmación que se hace sobre si rechazar un trasplante en aquellos años era realmente una cuestión de vida o muerte.

Y tercero: Se responderá a la cuestión de si es cierto que hubo muchos Testigos que fueron expulsados o que murieron debido a la negativa contra los transplantes.

¿Era expulsado quien no rechazase los trasplantes de órganos?

Como ya mencionamos en la primera sección de este artículo, en el número del 15 de noviembre de 1967 de La Atalaya, se presentaba un punto de vista negativo sobre esta cuestión. Pero, ¿se presentaba como una prohibición categórica, bajo pena de expulsión?

El mismo artículo decía, en su parte final:

‹‹Debería ser evidente por esta discusión que los cristianos que han sido iluminados con la Palabra de Dios no tienen que tomar estas decisiones simplemente basándose en un antojo o emoción personal. Ellos consideran los principios divinos registrados en las Escrituras y se usan éstos para tomar decisiones personales a la vez que acuden a Dios por dirección, confiando en él y cifrando su confianza en el futuro que tiene reservado para los que lo aman.››

De modo que, aunque la postura expresada en el artículo es claramente contraria a los trasplantes, se especifica que se trata de una decisión personal y no se hace ninguna mención de medidas disciplinarias.

Para ver el asunto más claramente, contrastémoslo con la cuestión de las transfusiones de sangre. En 1945 se expresó por primera vez la idea de que tal terapia iba en contra de la ley divina sobre la santidad de la sangre. Sin embargo, no fue hasta 1961 que se especificó que el asunto era de la suficiente gravedad como para expulsar de las congregaciones a quien pasara por alto este requisito divino y manifestara una actitud impenitente.

¿Sucedió lo mismo con los trasplantes? Tras el artículo de 1967, ¿se mencionó en alguna publicación posterior que aceptar un trasplante era un asunto de suficiente gravedad como para expulsar a quien lo hiciera y no se arrepintiera de ello?

En 1968 se publicó el libro La verdad que lleva a vida eterna, un manual de ayuda para estudiar la Biblia y que menciona las enseñanzas fundamentales de los testigos de Jehová. Este libro considera en profundidad el asunto de la santidad de la sangre, pero ni tan siquiera menciona el asunto de los trasplantes de órganos.

Además, los dispuestos para el bautismo por entonces, al igual que hoy, debían examinar y aceptar, antes de su bautismo, las doctrinas bíblicas fundamentales que los testigos de Jehová obedecen. Y para esto se utilizaban preguntas impresas publicadas en los libros Tu palabra es una lámpara para mi pie (publicado en 1967; en 1968 su versión en español) y Organización para predicar el Reino y hacer discípulos (1972). Entre estas preguntas se abarcaban las normas morales de los testigos de Jehová, incluida nuestra postura sobre las transfusiones de sangre. Sin embargo en aquellos libros no se decía nada en absoluto sobre los trasplantes de órganos.

Por tanto, la evidencia apunta a que, pese a expresarse en las publicaciones de los Testigos posturas negativas sobre los trasplantes desde 1967 hasta 1975, no se expulsaba a nadie por este asunto. Por otro lado, ¿fueron los testigos de Jehová un caso excepcional al expresar un punto de vista negativo respecto a los trasplantes?

Dejando al margen opiniones médicas contrarias de la época, dado que la religión aborda cuestiones éticas, muy a menudo suele cuestionar los avances científicos (un ejemplo actual lo tenemos en el caso de la investigación y manipulación con células madre). Como ya hemos mencionado, los experimentos sobre trasplantes suscitaron una gran polémica, especialmente a finales de los años 60, y en ella los sectores religiosos tuvieron un papel destacado.

Iglesias como la católica, por ejemplo, presentaron en el pasado serias objeciones a la técnica del homotrasplante, o trasplante entre seres de la misma especie (E. Chiavacci, Morale della vita fisica, EDB, Bologna 1976, pp. 64-81). En su libro Problemi di etica sanitaria (Problemas de ética sanitaria, 1992; Ancora, Milano, pág. 189), el jesuita Giacomo Perico reconoce que hasta no hace mucho tiempo, los trasplantes planteaban «todavía serias reservas de carácter moral” para los católicos (las cursivas son suyas).

Lo mismo puede decirse de otras religiones. No fue hasta 1987-88 que el judaísmo se expresó oficialmente de forma favorable respecto a los trasplantes (véase, Alfredo Mordechai Rabello, «Donazione di organi. Comunicato dell’Assemblea dei Rabbini d’Italia», Ha Keillah, junio 2000, págs. 12-13; Riccardo Di Segni, «Il punto di vista dell’ebraismo», en «La donazione e il trapianto di organi e di tessuti», Punto Omega, diciembre 2000 [anno II, n. 4], pág. 34).

El Consejo Religioso Musulmán rechazó la donación de órganos en una fecha tan tardía como 1983, aunque más tarde ha cambiado completamente su posición y ahora se acepta, con algunas salvedades.

El pueblo gitano no tiene una religión propia, pero sus creencias tradicionales tienden a oponerse a la donación aún hoy en día, pues piensan que el cuerpo debe permanecer intacto durante un año tras la muerte.

En el sintoísmo, la religión tradicional de Japón, suele considerarse un grave crimen mutilar un cuerpo muerto, según E. Narnihira en su artículo «Shinto Concept Concerning the Dead Human Body» (“El Concepto Sintoísta Sobre el Cuerpo Humano Muerto”). En el mismo, añade: «Hasta el día de hoy, es difícil obtener el consentimiento de las familias que han perdido a un ser querido para hacer una donación o una disección”.

Así pues, muchos otros grupos religiosos se han opuesto en algún momento a los trasplantes y la mayoría, luego, han cambiado su punto de vista con el tiempo. No obstante, como también hemos visto, los testigos de Jehová nunca fueron obligados a aceptar tal postura bajo amenaza de expulsión.

¿Fue alguna vez una cuestión de vida o muerte aceptar un transplante?

Presentar el rechazo de los Testigos de Jehová (o de cualquier otro grupo) hacia los trasplantes en los años 60 y 70 como una postura suicida es un serio error de perspectiva histórica. Como ya se ha mostrado, hasta 1975 los trasplantes se encontraban aún en fase experimental, y por tanto eran intervenciones de alto riesgo.

Un médico trató el asunto de si era ético utilizar una técnica tan arriesgada en Annals of Internal Medicine, citando los resultados de 244 operaciones de trasplante de riñón; en la mayoría de los casos, el receptor falleció antes de transcurrir un año. Luego, comentando sobre los peligros para el voluntario que dona uno de sus riñones, el doctor preguntaba: “¿Está bien someter a una persona sana (…) a la posibilidad (…) de acortar la duración de su vida en 25 ó 30 años para alargar la vida de otra persona 25 ó 30 meses, o menos?” La revista Newsweek del 2 de marzo de 1964, pág. 74, dice que el doctor “no ofrece ninguna respuesta concluyente, sino que sugiere que la pregunta debería plantearse más a menudo.”

Todavía a finales de los años 60, el trasplante de riñón, que era uno de los que más avances habían experimentado, tenía unos resultados tan limitados, que entre un 30 y un 40% de los trasplantados fallecían durante el primer año, y el porcentaje de riñones funcionales al año del trasplante era muy bajo (véase http://web.archive.org/web/20050408043647/http://www.trasplan.org/Espanol/Historia.htm). Incluso entrando en la segunda mitad de los años 70, superada ya la fase experimental, el riesgo de rechazo al trasplante de riñón era de entre el 15 y el 20%. La situación era aún peor en el caso de otros tipos de trasplante más complejos.

Transplantes de tejidos en 1967

Transplantes de tejidos en 1967

En 1963, Thomas Starzl realizó el primer trasplante de hígado entre humanos, a un niño de tres años que sobrevivió cinco horas.

Como antes se dijo, en 1967 se consideró un éxito que el primer receptor de un trasplante de corazón sobreviviese 18 días a la operación. En 1968 se practicaron 107 trasplantes de corazón en el mundo, pero solo el 22% sobrevivió al primer año.

En 1978, el doctor Frank J. Veith publicó un trabajo en el que recopila los resultados de 38 pacientes de trasplantes de pulmón en 20 años, de los cuales sólo 2 sobrevivieron a medio plazo (10 y 6 meses); los demás murieron tempranamente. Sólo 12 sobrevivieron más de 2 semanas.

El principal problema de los trasplantes era el rechazo del organismo receptor a un cuerpo extraño, y los potentes medicamentos que se empleaban para suprimir el rechazo eran precisamente los que provocaban serias infecciones que llevaban en muchos casos a la muerte del paciente. Como se explicó en la introducción, fue en 1976 cuando se descubrió el valor inmunosupresor de la ciclosporina y tras varios experimentos se aprobó su uso médico en 1983, lo que supuso una revolución en el uso de los transplantes.

Sirvan estas cifras como ejemplo para mostrar que en la época en que las publicaciones de los testigos de Jehová se expresaban contra los trasplantes, estos no eran sino experimentos médicos de alto riesgo, y no la terapia relativamente segura y eficaz que es hoy día.

¿Existen o existieron casos reales de Testigos expulsados o muertos por esta cuestión?

Pese al riesgo que suponían en aquellos años los trasplantes de órganos, pese a ser una terapia experimental que se realizaba en contadas ocasiones y pese a que los Testigos por entonces apenas contaban con un millón de miembros en todo el mundo, algunos detractores no dudan en sus campañas de desinformación en afirmar que muchos testigos de Jehová murieron prematuramente o fueron expulsados por esta postura contraria a los trasplantes.

Si esto fuese cierto, sería fácil presentar evidencias, pues hablamos de años relativamente recientes, y sin duda muchos ex testigos resentidos estarían encantados de presentar sus testimonios. Pero, ¿es realmente el caso? En una palabra: NO.

Los detractores no pueden presentar prácticamente ningún caso, y los que presentan, al analizarse resultan ser situaciones muy diferentes a lo que se pretende hacer ver.

En uno de estos, cuentan que un anciano de Estados Unidos desarrolló un padecimiento renal, por lo que empezó un tratamiento de diálisis, mientras que, debido a la postura negativa expresada en La Atalaya, rechazó la idea de hacerse un trasplante. Tras varios años de diálisis, murió en 1978. El relato lo cuenta su hija, ex testigo de Jehová y actualmente opositora activa de su anterior religión [de hecho, se ha omitido el nombre del testigo de Jehová implicado debido a las amenazas de su hija]. Al respecto, debemos tener en cuenta el contexto histórico de la situación. Por un lado, el trasplante renal era todavía una terapia de alto riesgo (más de una tercera parte de los pacientes morían antes de un año, según las estadísticas), mientras que se reconoce que el paciente sobrevivió algunos años gracias a la diálisis. Por otra parte, como se ha mostrado también, no existía una pena de expulsión que influyese para tomar una decisión a favor del transplante; sino que la decisión final la tomó libremente el propio paciente.

También se dice que una testigo de Jehová llamada Delores Busselmann murió en 1971 tras rechazar un trasplante. El relato, presentado por su marido, quien hoy es también un activo opositor de los Testigos de Jehová, no presenta el asunto en su verdadera realidad y contexto. En primer lugar: Delores Bussellmann padecía leucemia, y se le recomendó un trasplante de médula ósea. Hay al menos dos aspectos muy importantes que tener en cuenta: El primero es que los trasplantes de médula ósea eran también una técnica experimental y arriesgada.

En 1968 se había logrado realizar un trasplante de médula entre dos gemelos idénticos, pues la compatibilidad es mayor (véase http://web.archive.org/web/20050427075323/http://www.marrow.org/NMDP/history_stem_cell_transplants.html); no fue hasta 1973 (dos años después del fallecimiento de la Sra. Busselmann) que se realizó en Estados Unidos el primer trasplante de médula ósea en que el donante y el receptor no eran gemelos. Y no fue hasta 1979 que se realizó el primer trasplante a una paciente enferma de leucemia (que murió dos años después). De modo que, teniendo en cuenta el grado de avance en que se encontraba la terapia de los trasplantes de médula ósea en 1971, es más que dudoso que ningún doctor ofreciese altas garantías para lo que no hubiera sido más que un experimento médico usando a un paciente resignado debido a su padecimiento mortal.

Pero aún más importante es el hecho de que un tipo de trasplante tan peculiar como el de médula ósea exigía entonces de forma prácticamente ineludible, abundantes transfusiones de sangre. De modo que al final, si damos crédito al relato, la cuestión tiene más que ver con la postura bíblica de respeto a la santidad de la sangre, que con el rechazo a los trasplantes.

Otro caso que se ha llegado a utilizar es el de un joven cuya experiencia se publicó en el número del 15 de mayo de 1970 de La Atalaya. En este caso ni siquiera se trata de alguien que falleciese, sino de alguien que relata su experiencia tras recuperarse. La cuestión a la que se enfrentó esta persona no fue la de los trasplantes, sino la de las transfusiones de sangre, aunque en cierto momento de su relato, los médicos le preguntan si estaría dispuesto a donar un riñón. Precisamente, su reacción es un buen ejemplo de lo diferente que era la postura de los testigos de Jehová respecto a las transfusiones de sangre y respecto a los trasplantes de órganos. Cuando se le ofrecen dos posibles intervenciones, una que incluía transfusiones y otra que no, el paciente elige la opción sin transfusiones. Pero cuando se le pregunta si daría su consentimiento para donar un riñón, su reacción en sus propias palabras fue:

‹‹Le dije que él recibiría una respuesta franca y cabal a su pregunta después que yo considerara con mi familia lo que la Palabra de Dios decía sobre aquella cuestión››

Y no fue hasta el día siguiente que le respondió de forma negativa. Lo cual ilustra claramente que la cuestión de los trasplantes no era comparable a la de las transfusiones de sangre. Los trasplantes no estaban llanamente prohibidos, sino que los testigos de Jehová debían tomar su decisión personalmente (o consultando con su familia, como en el caso de este joven).

Conclusión

En resumen, aunque es cierto que las publicaciones de los Testigos de Jehová expresaron una postura negativa respecto a los trasplantes, hemos visto que no hay evidencia de ningún Testigo que muriese directamente por rechazar un trasplante (y mucho menos de “muchos Testigos”); hemos visto que no fue una postura fanática ni suicida, pues en aquellos años los trasplantes no eran sino experimentos científicos de alto riesgo; hemos visto que por entonces era una cuestión polémica y que otros grupos religiosos e incluso médicos estaban en contra. Y hemos visto que no se tomaba ninguna medida disciplinaria contra los Testigos que aceptasen los trasplantes, sino que era una decisión personal.

En conclusión, la acusación lanzada por enemigos de los Testigos de Jehová consiste en verdades a medias, mezclada con varias mentiras y todo en un trasfondo engañoso con una perspectiva histórica absolutamente distorsionada.

El paralelismo que se pretende crear entre aquella postura sobre los trasplantes y nuestra postura sobre las transfusiones es más que forzado.

En definitiva, la acusación tiene más de mentira que de verdad, de ficción que de realidad. Es una falacia que promueve la falsedad, el prejuicio, la incomprensión y la intolerancia. Y esto último, siempre ha sido el verdadero motivo de quienes se levantan contra los Testigos de Jehová.


* Con la palabra transplantes en este articulo me estaré refiriendo a los transplantes de tejidos que incluyen los de órganos completos. No me refiero a las transfusiones de sangre, que también medicamente, pueden ser consideradas como un transplantes.


Con información de: http://tj-defendidos.blogspot.com